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Los juegos de bolos No se entendería la condición social del ser humano sin los juegos tradicionales. La edad y el sexo del individuo, así como los contextos donde se desarrollan (social, económico, natural, político y religioso) marcan quién, con qué, cómo, dónde y cuándo se juega. Dentro de las numerosas familias de juegos que podemos encontrar, la de los bolos es sin lugar a dudas la más numerosa. Poseen infinidad de propuestas en los modos de jugar: desde las íntimamente enraizadas en la cultura local hasta las que han evolucionado hacia una deportivización. El juego de bolos ha sido, probablemente, el único entretenimiento colectivo practicado tradicionalmente por la mujer en el contexto rural. los juegos de bolos Las partidas ofrecen un motivo a las protagonistas para abandonar el ámbito privado de la casa después de la comida, una vez acabadas las faenas domésticas. En las calles y plazas se prepara el terreno para la partida. También ha sido habitual en ciertos lugares usar la ceniza sobrante del hogar, mezclada con agua, para hacer una masa donde plantar las piezas. Las modernas cocinas han traído consigo la sustitución de la ceniza por barro. La mujer se reúne así todas las tardes, durante los meses de buen tiempo, con vecinas y amigas en bulliciosos grupos donde las voces y las risas suenan mezcladas con los secos golpes de los bolos. Frente a la diversidad tipológica de los juegos de bolos masculinos, los juegos de mujeres generalmente constan de 9 piezas, una de las cuales suele ser diferente y cuenta con más valor en el tanteo o distinta función en la partida. Esta última pieza acostumbra a tener un nombre masculino que a veces refuerza las connotaciones de carácter sexual relacionadas con la fertilidad –el padre– o hace referencia al poder civil –el rey– o religioso –el cura. Hay tantas modalidades de juego como pueblos donde se practica. Con diversas posibilidades de desarrollo y múltiples jugadas diferentes, las partidas adquieren gran complejidad. A esto se añade el lenguaje usado, poco inteligible para los extraños, que contribuye a dar al grupo de mujeres cierta complicidad e intimidad frente a los hombres, totalmente excluidos de sus juegos. El hermetismo de los grupos de juego, la dificultad del aprendizaje y el gran virtuosismo que las jugadoras deben adquirir, convierten el ingreso en la cuadrilla de bolos en un rito de paso para las jóvenes una vez que empiezan a adquirir responsabilidades. El juego femenino es un fenómeno muy ritualizado: en algunos pueblos las participantes giran en corro bailando y cantando en torno a los bolos o se obliga a las ganadoras a festejar su triunfo ejecutando un baile. Las modalidades femeninas, desaparecidas en muchos lugares, perviven actualmente en diversos puntos de Aragón, Cataluña, La Rioja, Castilla- León y Asturias. Por la variedad y complejidad de sus manifestaciones, los bolos son el juego cotidiano más importante del país. Pese a su aparente similitud con los juegos femeninos, las diferencias son considerables: número de piezas muy variable, uso de boleras situados a las afueras, una evolución más deportivizada y mayor consideración social. Las variaciones en las reglas, así como en el tamaño, forma y colocación de las piezas, dan lugar a un sinfín de modalidades, que pueden agruparse en dos grandes familias: bolos de derribo y pasabolos. Los bolos de derribo tienen en común su objetivo: abatir las piezas mediante las bolas o lanzaderas. Según los lugares, encontramos juegos de 4 a 9 bolos, a los que generalmente se añade uno especial —emboque, cuatra, miche, rey—, diferenciado por su tamaño y a veces por su decoración, con distinto valor en el tanteo. Una modalidad importante la constituyen los bolos de derribo de 6 piezas, cuya peculiaridad reside en que debe dejarse un elemento en pie. A pesar de existir distintas variantes, los pasabolos tienen en común su objetivo; el jugador no debe limitarse a derribar las piezas, sino conseguir que el golpe las haga traspasar unas líneas trazadas en el suelo o un pequeño muro situado tras ellos. El número de elementos de juego es muy variable, entre 3 y 20 bolos, según el lugar y la modalidad. Éstos suelen situarse sobre losas de piedra o tablones, un poco inclinados, sujetos por la base con arcilla. Existen también juegos de carácter mixto, como el bolo burgalés, que puede combinar en una partida jugadas de derribo y pasabolo. |